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Como psicólogo clínico he conocido innumerables personas con epilepsia que han terminado sus estudios y son actualmente profesionales exitosos. Así mismo, he conocido innumerables personas que han trabajado en diversas profesiones como secretarias, banqueros, maestras, vendedores, agricultores, etc. Todos ellos son ejemplos de que la epilepsia no necesariamente le cierra las puertas a la gente para tener una vida buena y variada.
La epilepsia es un desorden del Sistema nervioso central (cerebro) a consecuencia de descargas desordenadas y súbitas de energía eléctrica de las células. La epilepsia se manifiesta de diferentes maneras, la más común las convulsiones. Durante las mismas la persona puede perder el control de sus músculos y periodos cortos de  inconsciencia. Los síntomas son: perdida de conocimiento, temblores violentos, episodios de ausencia y cambios emocionales. Existen varios tratamientos innovadores en el mercado, aunque los especialistas prefieren los clásicos. Los más destacados son los medicamentos anticonvulsivos, los cuales han sido vinculados con beneficios clínicos evidentes y están aprobados por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA). Estudios revelan que si la epilepsia no está controlada, las convulsiones pueden hacer que el trabajo o el funcionamiento general sean más difíciles. Sin embargo el mensaje que deseo llevar es que aún ante dichas posibles dificultades, el ser humano ha demostrado superar las adversidades de la vida, tales como catástrofes naturales, toda una amalgama de enfermedades y pérdidas de seres queridos. A esto muchos psicólogos le llaman RESILIENCIA.
La resiliencia es la capacidad que tiene una persona de recuperarse rápido de una adversidad. Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. Estudios han demostrado que los pacientes epilépticos tienen mayor incidencia de padecer de resiliencia. Esto no quiere decir que en todos los pacientes estén vinculados. Lo importante para enfrentarse a la epilepsia es asumir el reto de enfrentar la condición y luego hacer los ajustes que sean necesarios. Aceptar la condición es importante, ya que si no la acepto voy a sentir coraje y rabia hacia ésta. Este coraje en nada ayuda a que haga los ajustes necesarios en mi vida. Una vez se acepta, ya se termina una pelea interna que probablemente le causaba ansiedad, fatiga y depresión a la persona.
Así mismo los ajustes son necesarios, ya que ciertamente para muchas personas la epilepsia requiere de unos ajustes. A veces es no nadar lejos solos; a veces es no guiar un automóvil por un tiempo; a veces es acostarme un poco más temprano en la noche. Estos ajustes, si se hacen bien, harán que la persona pueda acoplarse a un nuevo estilo de vida sin sentirse derrotado y malhumorado. De hecho, la vida todo el tiempo requiere cambios y transiciones. Por ejemplo, de ser niño a adolescente; de trabajar a jubilarme; de ser una persona casada a una divorciada; de ser soltero a casado, ect. La epilepsia requiere que tanto el paciente como su familia hagan algunos cambios en su entorno para continuar una vida exitosa y buena. Como psicólogo yo he aprendido que en la epilepsia (y en otras condiciones) lo más importante no es la epilepsia, sino lo que pienso de ella y cómo me ajusto a ella. Si pienso de ella de manera negativa como una limitación enorme, me sentiré derrotado. Si pienso de ella como una condición episódica que requiere unos ajustes personales soportables, me seguiré sintiendo bien conmigo mismo y podré tener una actitud positiva hacia la vida.

 

Dr. Alfonso Martinez Taboas
Psicólogo Clínico