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En ocasiones los niños presentan indicadores de timidez y lo asociamos o lo adjudicamos a su estilo de personalidad o influencia de un contexto o ambiente particular con unas características dadas. Sin embargo, conductas tales como: poca interacción con otros niños, preferencia a estar con los padres, preferencia a estar solo, ser reservado, introvertido o ensimismado son diversidad de expresiones de la timidez en los niños. Desde el marco de la psicología, la timidez responde a diversas manifestaciones de la misma influenciadas tanto biológicas (genéticas-hereditarias) como de factores ambientales. En su significado psicológico más tradicional, la timidez se utiliza para referirnos a aquellos niños con un patrón de conducta, representado por una deficiencia en las relaciones interpersonales y pobre interacción con los demás. Los indicadores de timidez en niños (cuando no existe un caso de patología) responden al desarrollo de la inteligencia emocional.

 

Los niños que han desarrollado su inteligencia emocional de manera saludable, son socialmente equilibrados y poseen una capacidad adecuada de interacción de acuerdo a su etapa de desarrollo. La inteligencia social o la capacidad de actuar de manera adecuada ante las relaciones personales deben ser reforzadas desde pequeños. El fomentar que los niños conozcan sus propias emociones y las manejen, desarrollar un sentido de independencia y una autoestima adecuada son claves para que los niños no experimenten indicadores de timidez. A través del desarrollo del menor es normal que se cursen etapas con algún grado de timidez. Sin embargo, si no se superan estas etapas de manera adecuada, la timidez puede continuar y repercutir en algún trastorno. Más que considerar la timidez como una debilidad, se debe ayudar a los niños a vencer la misma a través de estrategias que ellos mismos pueden desarrollar. Es importante no imponer al niño ante cualquier situación de interacción interpersonal. Es vital conocer la raíz del problema y así poder ayudarlo de manera satisfactoria. Brinde tiempo y confianza para que pueda superar y afrontar las situaciones por sí solo. Como padre y/o fuente de apoyo refuércelo, guíelo y ofrezca motivación. Prepare al niño para las situaciones de interacción social, brindando confianza y seguridad sin interrumpir con su sentido o búsqueda de independencia. No obstante, cuando la timidez interfiere negativamente con el diario vivir, afectando el desarrollo a nivel académico y social, así como el sentido de independencia e interacción del menor, se cruza la línea de lo que puede ser normal.

 

Mediante el aprendizaje de ciertas herramientas psicológicas, el menor podrá manejar de manera asertiva las relaciones interpersonales y fortalecer las capacidades que conforman la inteligencia emocional. El aumentar las conductas de interacción con otros, reducir las conductas de retraimiento o poca interacción, disminuir los niveles de ansiedad relacionados a la interacción en grupo, mejorar autoestima y desarrollar sentido de independencia son algunos de los objetivos a ser trabajados. Si necesita más información o ayuda para trabajar la timidez en niños consulte un profesional en esta área. Los profesionales de salud mental brindarán estrategias tanto para el niño como para su familia para fomentar un desarrollo óptimo acorde con la etapa de desarrollo del menor.

 

Por: Nellynnette Acevedo Ramírez
Psicóloga