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El cáncer del oído es una enfermedad muy poco común, que se presenta en 1-2 personas por cada millón de habitantes, siendo la edad promedio 55 años. Los estudios clínicos no representan un número de casos lo suficientemente amplio como para llegar a conclusiones definitivas. La revisión de la literatura sobre el tema, resulta difícil debido a la incongruencia de las estrategias terapéuticas y a las hipótesis no comprobadas. Las opiniones son cuantiosas y el diagnóstico de la enfermedad suele tardar, porque los protocolos médicos para el cáncer del oído son contradictorios y los síntomas inespecíficos como el hormigueo, las secreciones y el dolor son síntomas comunes y pueden confundirse con infecciones y otras condiciones crónicas no relacionadas con el cáncer.
La persistencia de los síntomas mencionados, a pesar del uso de antibióticos, puede ser un signo de alarma. La otorrea (salida de líquido del oído) y el dolor son los síntomas en el momento de la primera consulta en el 100% de los casos reportados. La inflamación detrás del oído, la pérdida de audición y la parálisis facial pueden ser síntomas de una condición avanzada, pero pueden deberse a otras enfermedades no relacionadas con el cáncer.
El oído consiste en la parte externa llamada oreja o auricular, el canal auditivo o conducto que lleva el sonido al interior del oído y el tímpano o membrana. El auricular está compuesto por cartílago cubierto de piel. El canal auditivo conecta al tímpano con el exterior y mide aproximadamente 2.4 cm. Una tercera parte del oído está formada de cartílago; dos terceras partes del interior del oído se componen de hueso y son más estrechas que el resto del oído. El canal auditivo se encuentra en frente de las glándulas parótidas (salivales) y de la unión temporomandibular (articulación que permite el movimiento de la quijada). La parte de abajo del oído está cerca de la vena yugular y del nervio facial (que controla los músculos de expresión del rostro).
La propagación del tumor a las áreas linfáticas es mucho más común que a otras áreas del oído. Los tumores que se desarrollan en la parte cartilaginosa, invaden las paredes del cartílago y se propagan a las áreas compuestas por hueso. Sin embargo, los tumores que se desarrollan en las áreas de hueso del oído tienen una barrera que previene que se propaguen fuera del área y, por lo tanto, progresan principalmente a lo largo de la parte ósea del canal auditivo, invadiendo eventualmente el oído medio y el cartílago. Las metástasis o recurrencias a distancia (a otras partes del cuerpo) no son comunes en este tipo de cáncer. Alrededor del 85% de los tumores que involucran al oído, son carcinomas escamosos. Raramente se ven tumores causados por carcinomas de las células basales (piel), adenocarcinomas (originados en glándulas), carcinomas císticos o melanomas.
La complejidad de la estructura anatómica del oído, ha suscitado que la cirugía seguida por la radioterapia sean los métodos de tratamiento más recomendados para lesiones severas en el oído. Algunos estudios clínicos señalan que el 66% de los pacientes tratados con cirugía, seguida por radioterapia, sobreviven por cinco años o más después del tratamiento. La mayoría de los sobrevivientes son personas jóvenes (menores de 55 años). Lamentablemente, el 50% de los casos estudiados son estadíos avanzados. De acuerdo a los estudios clínicos y a las guías estándares de tratamiento médico, las lesiones descubiertas en etapas muy tempranas, pueden tratarse exitosamente con radioterapia solamente, pero las lesiones avanzadas requieren cirugía y radioterapia post-operatoria.
Cuando el cáncer no es operable y ha alcanzado el tejido óseo del oído, no se recomienda el uso de la radioterapia, pero si la cirugía ha logrado remover todo el tumor, los expertos están de acuerdo en que la utilización de terapia combinada (cirugía y radioterapia) logra tasas de supervivencia mucho mayores que el uso de una de las dos estrategias solamente. En la terapia combinada, la radioterapia comenzará cuando el paciente se haya recuperado de la cirugía, según el consenso del cirujano y del radioterapeuta. El tratamiento con radioterapia dura de 6-8 semanas. La literatura clínica sugiere continuar estudiando la efectividad de la quimioterapia en el tratamiento de este tipo de lesiones.
Por: Marisol Rodríguez Hernández, MD
Radio-oncóloga