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Cuando se habla de nutrición y dietas, una de las cosas que más se escucha es que hay que cumplir con las 4 comidas diarias y que una de las más importantes es el desayuno. Y realmente es así: la primera comida del día es fundamental. Un desayuno deficiente puede influir negativamente en nuestra salud y perjudicar nuestro desempeño del día. Pero, ¿por qué es tan importante?
Es la primera ingesta, luego de 8 a 10 horas de ayuno nocturno. Es un hábito alimentario que llega a condicionar el estado físico, psíquico y nutricional, no solo de niños y adolescentes, sino de todas las edades. Los niños están en una etapa de gran crecimiento y desarrollo, mientras que los adultos deben enfrentar múltiples actividades durante el día; es por esto que ambos requieren de una dieta variada y equilibrada que cubra sus necesidades básicas de alimentación.
Hoy, sin embargo, muchas personas consideran que han desayunado tras haber tomado únicamente café, zumo o galletas… lo que dista de las recomendaciones de dieta equilibrada. Además, el almuerzo brilla por su ausencia para muchos debido a los rígidos horarios laborales, por lo que el desayuno, ese gran olvidado, se convierte en aliado para afrontar el día con el depósito lleno de glucosa, nuestro combustible energético
Un desayuno equilibrado contribuye a un reparto más armónico de las calorías a lo largo del día y proporciona, además, una ración de seguridad de muchos nutrientes importantes. Y a pesar de que uno de cada dos adultos reconoce los beneficios de un buen desayuno para comenzar adecuadamente el día, la mayoría comienzan sus labores cada mañana sin desayunar.
Algunas de las consecuencias de saltarse el desayuno son decaimiento, falta de concentración y mal humor, debido al déficit de glucosa. La falta de glucosa empuja a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, lo que causa múltiples alteraciones en el normal funcionamiento orgánico. En edades escolares, esto condiciona el aprendizaje y acarrea un descenso del rendimiento, ya que la capacidad de locución o expresión, de memoria, de creatividad y de resolución de problemas quedan particularmente afectadas. Estas observaciones han sido verificadas tanto en niños que presentaban una alimentación equilibrada en su conjunto como en niños que presentaban una alimentación insuficiente. Por todo ello, se puede considerar que el desayuno es un hábito alimentario que llega a condicionar el estado físico, psíquico y nutricional, pero no sólo de los niños y adolescentes, sino en personas de todas las edades.
Para que un desayuno sea equilibrado, deben estar representados como mínimo los siguientes grupos de alimentos:
  • Cereales. Proporcionan hidratos de carbono que aportan energía, vitaminas y minerales. Los cereales integrales aportan, además, fibra.
  • Lácteos. Contienen proteínas de calidad, calcio, vitaminas A y D, y vitaminas del grupo B.
  • Frutas. Aportan hidratos de carbono, agua, vitaminas, minerales y fibra.
  • Derivados cárnicos. Jamón cocido o serrano, fiambres poco grasos, embutidos.  Contienen proteínas de calidad con función formadora (de construcción de tejidos y células) y cantidades variables de grasa con función energética.
Por: Migdalia Adames Cruz
Especialista en Ecología Familiar y del Consumidor