¿Por qué somos infieles?

¿Por qué somos infieles?

Cuando decidí escribir este artículo sabía que enfocar el tema sobre la infidelidad resultaría muy complejo, que ocasionaría muchas interrogantes y que muchos no quieren topar y prefieren obviarlo. Algunas de estas interrogantes serían: ¿Somos de naturaleza infieles? ¿Por qué somos infieles?, ¿Mi pareja es infiel?, ¿Quiénes son mas infieles las mujeres o los hombres?
La infidelidad se ha incrementado en los últimos años considerablemente. Cada vez son más las personas infieles a sus parejas y es un hecho en la cotidianidad humana occidental que se necesita comprender, enfrentar y trabajar. No importa la extracción social, nivel educacional, etnia o el tipo de religión que se profese.
Entonces, tendríamos que preguntarnos: ¿Qué es la infidelidad? Conceptualizar la infidelidad es muy dificultoso ya que intervienen muchas variables y cada persona la define de una manera particular. Algunos autores, la definen como el incumplimiento o rompimiento de pactos realizados con una pareja en donde previamente han llegado a acuerdos no importando el género sexual.
Walter Riso, psicólogo clínico que reside en Barcelona, España, considera la Infidelidad Occidental, como la ruptura inadecuada, (deshonesta, oculta, traicionera o engañosa) de un pacto o acuerdo (tácito o explícito) afectivo y/o sexual preestablecido (generalmente de exclusividad).
Hay muchos motivos porqué la gente escoge ser infiel y generalmente se piensa que la infidelidad se relaciona con encuentros sexuales extra parejas. Diversas situaciones en las relaciones matrimoniales o de noviazgo como pueden ser insatisfacción o incompatibilidad con la pareja, ocultamiento de la homosexualidad, vacío de la relación, la monotonía de la pareja, la vida sexual deficiente, miedo a perder la libertad, seguir en la búsqueda de su “pareja ideal”, entre otros.
La infidelidad siempre implica algún tipo de “estafa” afectiva/sexual. Para algunos la honestidad es la base del acuerdo, es decir, lo que no se admite es la mentira, aunque la verdad duela. La mayoría de los pactos puede cambiarse, romperse, revisarse o reestructurarse, lo importante es la forma de hacerlo, la trasparencia.
Es más aconsejable una separación de pareja motivada por una vida infeliz y sin sentido, donde el amor y el respeto se han acabado, que conseguir un amante o empezar a sumar aventuras.
Menos frecuente es hallar un pacto matrimonial donde la exclusividad sea al revés, sexual pero no afectiva y las personas celosas parecen actuar de este modo…”No me importa que me quieras sino que no te acuestes con nadie”, es decir “No me interesa que me quieras sino que no te burles de mi a mis espaldas y con una mujer más joven y bonita”, esto no es un asunto de amor al otro sino de amor propio.
He visto parejas en las que uno de sus miembros siente enorme celos infundados, haciendo presente en el espacio mental de ambos un hipotético e inexistente amante, como si pretendiera conseguir con sus celos, que su pareja fuera realmente infiel y tuviera una aventura con un tercero. Estas personas a veces no paran hasta que lo consiguen, pues su mayor miedo se obtiene con su verificación y confirmación. En resumen, los celos son una paradójica invitación a la infidelidad y consiguen lo contrario de lo que pretenden; perder a la persona querida en lugar de mantenerla.
Si hablamos de los tipos de infidelidad veremos que las mujeres por lo general suelen exigir algo más que simple sexo. La mayoría de mujeres infieles tienden a tener más precaución en el manejo de una relación de infidelidad y es más cuidadosa al ocultarlo, en cambio los hombres tienden a ser drásticos y descuidados, lo que resulta una mayor facilidad de detectarlo.
Mientras que los hombres infieles generalmente prefieren relaciones de un día, las mujeres infieles exigen más que simple sexo. Independientes del sexo la mayoría de las aventuras que comienza con personas cercanas (secretarias, colegas, compañeros (as) de ocio y trabajo, amistades, etc.), debido al hecho de que escuchan nuestros problemas y sinsabores, sentimos que somos entendidos y pueden generar una relación amorosa. Casi siempre este tipo de relaciones terminan convirtiéndose en algo tormentoso.
Una relación extramatrimonial sostenida en el tiempo, implica premeditación y alevosía por lo que cuando la víctima de engaño lo descubre recorren casi toda la gama de emociones: depresión, resentimiento, ira, hostilidad, ansiedad, decepción, venganza, envidia, asombro,  incredulidad, sorpresa, aislamiento, frustración y una baja en autoestima.
La pérdida de la confianza básica es la clave. La certeza de estar con alguien confiable es muy importante y fundamental para establecer cualquier vínculo interpersonal saludable. Si no tenemos esa garantía de confianza para construir una buena relación de pareja el amor comienza a decepcionarnos. Necesitamos ciertos criterios básicos:
  1. Estarás allí cuando te necesite.
  2. Me protegerás cuando sea necesario hacerlo.
  3. Serás sincero en lo fundamental.
  4. Nunca y bajo ninguna circunstancia me harás daño intencionalmente.
Un compromiso de lealtad afectiva gira alrededor de estos elementos, los cuales suelen ser tácitos, no negociables y no discutibles.
Por: Dra. Lydia Delfino/Sexóloga

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