Nomofobia: La enfermedad del siglo XXI

Nomofobia: La enfermedad del siglo XXI

Preguntas que deberías hacerte para saber si sufres de esta enfermedad:
  • ¿Llevas el teléfono a todos los lugares que vas, y lo traes siempre a la mano?
  • ¿Estás siempre pendiente del teléfono, aunque estés ocupado o con alguien más?
  • ¿Te sientes ansioso/a cuando no tienes el teléfono junto a ti?
  • ¿Cambia tu estado de ánimo o tu actitud cuando olvidas tu celular o se agotó su carga?
¡Cuidado! Si has contestado que si a estas preguntas podrías estar padeciendo, nomofobia.
La nomofobia es el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil. Este término, que se deriva de la expresión inglesa “no-mobile-phone phobia”, surge a raíz de un estudio realizado en Inglaterra, que buscaba establecer la ansiedad que sentían algunos de los usuarios cuando se le olvidaba su celular, o se le agotaba la batería o se le acababan sus minutos entre otras razones. Los resultados de este estudio fueron alarmantes, comprobando que la dependencia llega al extremo, que las personas van al baño con el móvil, lo utilizan en todo momento; cuando están en actividades sociales o familiares, trabajando, comiendo y hasta en la iglesia.
Está claro que la tecnología ha revolucionado nuestras vidas y a la vez nos brinda un sinnúmero de oportunidades y alternativas que facilitan nuestro diario vivir. Pero el teléfono celular se ha convertido en algo más que un objeto necesario y útil, al punto que estar sin él nos aterra. ¿Cuál sería entonces la línea que define el uso adecuado del abuso? Debemos estar claros que el uso y el propósito principal y fundamental del teléfono debe ser para llamar, estar accesible y poder comunicarnos de forma rápida. Por el contrario, el abuso nos lleva a estar sometidos y por ende la persona está bajo el control total de su móvil.
Una reflexión final nos debe llevar a evaluar nuestra conducta y actitud ante este aparato, que es tan necesario, pero no un grillete que debemos cargar en todo momento. Sobre todo cuando este altera y afecta nuestro entorno social, funcionamiento y conducta. Por tanto, debemos estar dispuestos a limitar su uso, y utilizarlo cuando de verdad sea necesario, porque de no ser así, las consecuencias a nivel social y familiar serán nefastas.
Por: Dra: Nilsa T. Cuevas Ruiz, MA
Psicóloga

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