El cerebro adolescente frente a las drogas

El cerebro adolescente frente a las drogas

El cerebro de un adolescente y el de un adulto tienen diferencias neuronales que reflejan ciertas conductas que van conforme a las respectivas etapas. Los estudios han revelado que los jóvenes asumen conductas más arriesgadas aun sabiendo las consecuencias y se ha comprobado que es que sus cerebros están más comprometidos con la recompensa que con las consecuencias.

 

Los estudios neuroanatómicos, sobre el desarrollo del cerebro de los adolescentes, han mostrado que entre las edades de 12 a 18 años (en ocasiones hasta más) las neuronas están en el proceso de mielinización, lo que hace que los axones tengan una mejor conducción de la información química que transmitirán. Es decir, el aprendizaje y la absorción de información es mucho más fácil en esa etapa que en edades adultas. Por otro lado, se ha descubierto que en esa etapa el cerebro está conectando todo el cableado neuronal de los distintos lóbulos cerebrales, lo que muestra que el cerebro adolescente aún no está completamente desarrollado neuronalmente. Esas redes neuronales son de vital importancia en esa etapa porque el patrón que realicen determinará muchas conductas que eventualmente se practicarán de adultos. La neurociencia dice que neuronas que se disparan juntas se conectan juntas, lo que quiere decir que nuestro cerebro crea asociaciones neuronales con eventos, contextos, elementos y personas. Eso implica que en el cerebro habrá una ruta de acceso y una predeterminación hacia ciertas conductas que se practicaron en la juventud.

 

Por otra parte, aunque la estructura del cerebro está completamente desarrollada en la etapa de adolescencia, las funciones de ciertas áreas no. Parte del lóbulo frontal, quien ejecuta funciones importantes como la buena toma de decisiones, aún no ha activado sus habilidades completamente. La corteza pre frontal, ubicada justo detrás de la frente, es la última parte del cerebro que activa sus funciones ya que el proceso de mielinización viene desde la parte de atrás del cerebro hacia al frente siendo ésta la que cierra ese proceso. Además se ha comprobado que en la mayoría de los jóvenes la parte del cerebro que más activa está es el sistema límbico quien está asociado con las emociones. Es por eso que funciones (como inhibir las emociones, analizar y tener buen juicio) de la corteza pre frontal aún no se han desarrollado ya que el cerebro adolescente está muy comprometido con el placer, las emociones y la recompensa.

 

Debido a todo este panorama que he expuesto, el cerebro de un adolescente no debería experimentar el consumo de drogas ya que podría ser hasta mortal para esas etapas. Ser expuesto a la marihuana, quien activa los sensores cannabinoides del cerebro y hace que se segreguen altas cantidades de dopamina (neurotransmisor del placer), puede ser contraproducente para un adolescente ya que genera un golpe de placer en el sistema límbico y eventualmente no permitirá que se desarrollen funciones importantes de otras áreas como la corteza pre frontal, ya que el cerebro se compromete con ese placer, las sensaciones y la recompensa, bloqueando el buen desarrollo de la inhibición de las emociones (es por eso que se vuelven impulsivos), el análisis (se refleja en vidas desorganizadas) y el buen juicio (razón por la cual toman decisiones tan erráticas).

 

En la última convención de LARNEDA (Latín American Research Network in Drug Addiction) realizada el pasado noviembre en Puerto Rico, el Dr. Jean Lud Cadet mostró evidencia científica, de laboratorio, de cómo la Metamfetamina cambia la estructura genética. Por su parte, el Dr. Roberto Meléndez de la escuela de ciencias médicas de la UPR, mostró evidencia de como el etanol, sustancia que se encuentra en las bebidas alcohólicas, activa el sistema de recompensa del cerebro el cual va a asociar con la bebida llegando a concluir que cuanto más bebes más recompensa necesita el cerebro. Por otro lado, la Dra. María Carolina Velázquez (de Colombia) mostró como la cocaína excita las neuronas haciendo que se incremente la norepinefrina, hormona que controla conductas como pelear o huir.

 

En conclusión, el adolescente no debe ser expuesto a drogas ya que su cerebro aún está en pleno desarrollo activando funciones importantes. En la medida que puedan evitar el alcohol y la marihuana (las más accesibles para ellos) es conveniente y saludable para su desarrollo cognitivo. Si bien es cierto que el impacto del alcohol y la marihuana no es comparable con drogas como la cocaína y Metamfetamina, también es cierto que las funciones más importantes del cerebro son inhibidas por el alcohol y la marihuana. Las consecuencias se reflejan en malas decisiones, accidentes, pobre control de los impulsos, incapacidad para concentrarse, recordar y organizarse, entre otras.
Por: Joel Acevedo Nieto, PhD
Neurobiólogo

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