Autismo; evaluación auditiva como parte del diagnóstico diferencial

Autismo; evaluación auditiva como parte del diagnóstico diferencial

El Autismo es un síndrome caracterizado por el aislamiento del individuo. Las respuestas a los estímulos auditivos y visuales son anormales y presentan cierta dificultad en la comprensión del lenguaje y en el uso social de éste y de los gestos. La sintomatología fundamental consiste en una falta de respuesta ante los demás, por lo que fracasa la comunicación e interacción social.

Podemos especificar una serie de síntomas que van asociados a una determinada época o edades, ya que el niño con autismo presenta una serie de rasgos característicos según la edad en la que se encuentre; entre ellos: dificultad en juntarse con otros niños, insistencia en todo idéntico, resistencia a cambios de rutina, risa y sonrisa inapropiadas, ningún temor real a los peligros, poco o ningún contacto visual, insensible a métodos normales de enseñanza, juegos raros ininterrumpidos, aparente insensibilidad al dolor, ecolalia (repetición de palabras y frases en vez de un lenguaje normal), prefiere estar solo; posee una manera reservada, puede no querer abrazos de cariño o puede arrimarse cariñosamente, hace girar los objetos, demasiada o poca actividad física que se manifiesta en lo extremo, las rabietas; exhibe angustia sin ninguna razón aparente, no responde a indicaciones verbales; actúa como si fuera sordo, apego inapropiado a objetos, habilidades motoras y actividades motoras finas desiguales, dificultad en expresar sus necesidades; emplean los gestos o señalan a los objetos en vez de usar palabras.

Algunas condiciones pueden ser de manera confusa similares al Autismo y hay que tener cuidado al hacer una determinación final sobre el desorden de un niño y su manejo. Cualquier condición que está asociada con retraso del lenguaje, sobre todo aquellos que son tratables, deben ser considerados.

Es muy importante realizar evaluaciones completas para la detección temprana de un problema de audición. El desarrollo motor temprano, las primeras adquisiciones psicosociales e incluso el lenguaje expresivo hasta los 8 meses pueden ser normales en niños con pérdida auditiva, por lo que es muy difícil la detección. Pero, nuevas evidencias demuestran que la sordera durante los seis primeros meses de vida pueden interferir en el desarrollo normal del habla y el lenguaje oral, por lo que lo ideal sería identificar a estos niños antes de los tres meses de edad y la intervención comenzarla antes de los seis meses, para prevenir las secuelas del déficit auditivo, limitaciones en el habla, habla deficiente o falta de habla.

Consulte al médico (pediatra) si observa en el niño alguno de los siguientes signos o síntomas:

De 0 a 3 meses

  • Ante un sonido no hay respuesta refleja del tipo parpadeo, despertar, etc.
  • Emite sonidos monocordes.

De 3 a 6 meses

  • Se mantiene indiferente a los ruidos familiares.
  • No se orienta hacia la voz de sus padres.
  • No responde con emisiones a la voz humana.
  • No emite sonidos para llamar la atención.
  • Debe intentar localizar ruidos

De 6 a 9 meses

  • No emite sílabas.
  • No atiende a su nombre.
  • No se orienta a sonidos familiares.

De 9 a 12 meses

  • No reconoce cuando le nombran a sus padres.
  • No entiende una negación.
  • No responde a “dame” si no va acompañado del gesto con la mano.

De 12 a 18 meses

  • No señala objetos y personas familiares cuando se le nombran.
  • No responde de forma distinta a sonidos diferentes.
  • No nombra algunos objetos familiares.

De 18 a 24 meses

  • No presta atención a los cuentos.
  • No identifica las partes del cuerpo.
  • No construye frases de dos sílabas.

A los 3 años

  • No se les entiende las palabras que dice.
  • No contesta a preguntas sencillas.

A los 4 años

  • No sabe contar lo que pasa.
  • No es capaz de mantener una conversación sencilla.

 

Por: Dra: Priscila Negrón Santiago, F-AAA
Audióloga Clínica

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